Los Justos entre las Naciones

Los “Justos entre las Naciones” o “Justos Gentiles” fueron personas no judías que ayudaron a los judíos durante el Holocausto. Hubo “Justos entre las Naciones” en todos los países dominados por los nazis o aliados a ellos, y su actuar a menudo resultaba en el rescate de vidas judías. Yad Vashem, la autoridad nacional israelí para la memoria del Holocausto, concede honores especiales a estas personas. En la actualidad, luego de haber evaluado cada caso cuidadosamente, Yad Vashem ha reconocido a aproximadamente 10.000 “Justos Gentiles” en tres categorías diferentes. El país que cuenta con el mayor número de “Justos Gentiles” es Polonia. El país con la más alta proporción (per capita) es Holanda. La cifra de 10.000 dista de estar completa ya que no se ha informado acerca de muchos casos, a menudo porque los que recibieron ayuda fallecieron. Además, esta cifra sólo incluye a los que realmente arriesgaron su vida para salvar a judíos, y no a los que simplemente los ayudaron. Polonia es el país que más Justos tiene reconocidos.​ En los países ocupados por el Tercer Reich, la prestación de ayuda y refugio a judíos era castigado severamente. A diferencia de otros lugares, en Polonia esto llegó a suponer la ejecución de todos los miembros de la misma familia que hubieran escondido a judíos en sus casas, por lo que el riesgo era mayor que en otra partes.
 
 
Los héroes españoles del Holocausto
Reconocidos como Justos entre las Naciones en el museo Yad Vashem de Jerusalén por contribuir a salvar la vida de judíos perseguidos por los nazis.
 
Martín Aguirre y Otegui
 Martín tenía 12 años cuando se refugió en Bélgica huyendo de la Guerra Civil y con 18 ayudó a esconderse de los nazis a decenas de niños y adolescentes judíos. Aguirre y Otegui recibió en 2013 de manos del presidente israelí Simón Peres la mayor distinción que un extranjero puede recibir de Israel, la de Justo entre las Naciones. Durante la guerra, escoltó a niños judíos desde un escondite en Linden a un refugio en Malines. Lo hizo en tren o en bicicleta, ante los soldados alemanes, según señaló el diario La Libre Belgique. Algunos niños estaban aterrorizados ante la idea de ser arrestados. «Hubo uno que tenía una manzana. Era astuto», recordó en 2013 el octogenario. «Para tranquilizarle, le cogí su manzana y le prometí devolvérsela cuando llegáramos a Malines». Martín Aguirre salvó al pequeño Fred Bild, que se convertiría con los años en embajador de Canada en Tailandia y Vietnam.
 
 
 
 
Diplomático que, como cónsul general de España en Milán, intercedió por la protección y repatriación de cuantos judíos españoles vivían en la ciudad italiana, perseguidos primero por el régimen fascista y luego por el gobierno títere impuesto por la Alemania nazi.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
De nacionalidad española, Concepción Faya vivía en Pamiers, en la frontera franco española, con su marido y sus cuatro hijos. Era costurera y trabajaba en una fábrica de ropa. Cuando estalló la Guerra Civil, volvieron a España, su esposo se unió al bando republicano y falleció en la guerra. Regresó entonces con su familia a Pamiers. Durante la guerra, pasó un tiempo con otros presos españoles en el campo de detención de Gurs, en el que conoció a una familia judía allí internada, formada por Elise Mizrahi y sus hijos Gisèle y Jacques. El marido de Elise fue enviado al este, de donde nunca regresó. Se hicieron buenas amigas y, en mayo de 1943, Elise pidió ayuda por carta a Concepción, que aceptó esconder a su familia, incluidos dos de sus sobrinos, llegados de París. En un momento dado, hubo 11 personas viviendo en el pequeño apartamento de Concepción, seis de ellos con identidades falsas.  Fue distinguida como Justa entre las Naciones en 2011. 
 
 
Oriundo de Vigo (1903) y cirujano torácico, es el médico titular de la Embajada y el ángel protector de miles de refugiados europeos –en su mayoría judíos polacos y checos– que cruzan los Pirineos, encuentran cobijo en conventos de capuchinos, salones de te, pisos francos y fincas de verano. La ruta que le toca en suerte al doctor Martínez Alonso empieza en los Pirineos, sigue por Jaca, Miranda de Ebro, Madrid, Vigo, Redondela, Guillarei y Tui y termina en Portugal. Para liberar a los prisioneros, certificaba una enfermedad grave: tifus, tuberculosis... y recomendaba su evacuación por razones humanitarias. "Incluso certificó sus falsas muertes, por lo que continuaban su periplo con una nueva identidad". Una vez fuera de los muros de la prisión, los liberados emprendían el viaje en un coche de la embajada británica, con salvoconductos falsos, dirección a Galicia y en numerosas ocasiones pernoctaban en la casa de verano que la familia Martínez Alonso tenía en Redondela.
 
 
 
Muguiro, como otros diplomáticos españoles, había rescatado un viejo decreto promulgado por Primo de Rivera en 1924, en virtud del cual todos aquellos que demostraran ser de origen sefardita, obtendrían inmediatamente la nacionalidad española. Ocultaban que el decreto había expirado en 1931, pero en Madrid no lo recordaban y los nazis, naturalmente, no lo sabían. Muguiro se acogió a este decreto para solicitar a las autoridades húngaras la protección de los sefarditas. El problema es que en Hungría, sefardites de verdad había muy pocos, no daban ni para llenar un tren. Sin embargo, Muguiro continuó sus esfuerzos e informó en Madrid del negro futuro que esperaba a la comunidad judía. Haciendo valer su condición de diplomático, intercedió a favor de todos los judíos que pudo y culminó su obra haciéndose cargo de un grupo de niños, 500 exactamente, el destino de los cuales era una cámara de gas en Polonia. Consiguió visado para todos y los despachó a Tánger, que en aquellos días era una especie de colonia española. Esta y otras actuaciones le dieron muy mala fama entre húngaros y alemanes, que presentaron una queja a las autoridades españolas. Muguiro fue cesado fulminantemente.
 
 
Diplomático que, como ministro de la embajada de España en Sofía (1940-1943), denunció la legislación antisemita del gobierno búlgaro ―que afectaba a 50.000 judíos― e intercedió ante Bulgaria y Alemania para proteger los derechos y bienes de 150 judíos sefardíes. Se enfrentó sin éxito con las autoridades nazis para evitar la ejecución del judío León Arie, los hijos del cual adoptó para que pudiesen salir del país y reencontrarse con su madre. El embajador de Alemania en Sofía calificó a Julio Palencia de «fanático antialemán» y «amigo de los judíos».
 
 
 
 
 
 
Fue un diplomático de alto rango en la embajada española de París y después cónsul en Burdeos. Ante el avance nazi en Francia en 1940, cientos de personas se agolparon a las puertas del Consulado pidiendo un visado para entrar en España. Eduardo Propper demostró en esas horas tanto el espíritu de servicio que se espera de un diplomático, como el valor que se le supone en esos momentos, ante la amenaza totalitaria, al poner en peligro su vida y, por supuesto, su carrera profesional. Durante una serie de días, trabajando él solo sin ninguna otra ayuda administrativa, de día y de noche, fue expidiendo salvoconductos y extendiendo visados «especiales» para esos miles de personas». «El entonces ministro de Asuntos Exteriores, Serrano Suñer, castigó a Propper por su iniciativa tomada «sin permiso de Madrid» y «por haber servido los intereses de la Judería francesa», trasladándole de forma fulminante de Burdeos a Larache, sede del Cuartel de la Legión española en Marruecos, teniendo que dejar a su familia e hijos en Francia. Se jubiló en 1965 y falleció en Londres en 1972. El 27 de agosto de 2007 Yad Vashem confirió a Eduardo Propper de Callejón el título de Justo de las Naciones.
 
 
Diplomático que, desde su posición como embajador de España en Bucarest (1941-43), consiguió que se revocasen los decretos de expulsión dictados contra un grupo de judíos sefarditas y la promesa formal de que, en el futuro, ninguno de ellos sería expulsado.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Diplomático que, desde su posición de cónsul general de España en París (1939-1943) evitó la confiscación de los bienes de judíos sefarditas. Intercedió por 14 judíos españoles enviados al campo de Drancy y organizó la repatriación de otros 77, trabajo que terminó Alfonso Fiscowich. Su actuación en favor de los judíos provocó graves tensiones con las autoridades alemanas de la Francia ocupada y con el entonces embajador de España, José Félix de Lequerica.
 
 
 
 
 
 
 
 
Llegó como embajador a la legación de Atenas en 1943 cuando los nazis habían ordenado la deportación de todos los judíos de Salónica a Auschwitz. A pesar de las órdenes del ministro de Exteriores de la época, Gómez-Jordana de mantener una actitud pasiva, Romero Radigales se ocupó en negociar con las autoridades alemanas y españolas la repatriación de 510 judíos en Salónica. Sus esfuerzos no logran detener el traslado de los 367 judíos poseedores de la nacionalidad española al campo de Bergen-Belsen, pero sí que finalmente, las autoridades de España cambiaran su posición y permitieran la salida de los judíos hacia Marruecos. Con anterioridad –en colaboración con elcónsul de Italia, a espaldas de los alemanes y sin contar con la autorización de Madrid–, logró que unos 150 sefardíes españoles de Salónica huyeran a Atenas en un tren militar italiano. Además, por su mediación, los italianos extendieron su protección a unas decenas de hebreos españoles con cónyuges italianos o griegos, según se relataba en la exposición «Más allá del deber», organizada por el Ministerio de Asuntos Exteriores. Issac Revah, por entonces un niño, recuerda cómo se les permitió abandonar el campo en febrero de 1944. «Ser liberado de un campo nazi es un evento increíble. Todo ocurrió gracias a un hombre excepcionalmente valeroso y humano», escribió a Yad Vashem para que Romero Radigales fuera honrado y reconocido como Justo de las Naciones.
 
 
El matrimonio formado por el agregado de Agricultura de la Embajada de España en Berlín durante la Segunda Guerra Mundial, José Ruiz Santaella, y su esposa Carmen Schrader salvaron de la muerte a tres mujeres judías. La pareja, evacuada en el año 1943 junto a sus cuatro hijos a una casa de huéspedes situada en las proximidades de Berlín, dio refugio a Gertrude Neuman, una costurera que trabajaba para ellos. Ésta les recomendó contratar a Ruth Arndt, una enfermera pediátrica, para que cuidara de sus hijos. Más tarde, el matrimonio llevó a la casa a la madre de Ruth, a quien emplearon como cocinera. Con estas tres judías escondidas y ocultadas bajo identidades falsas dentro del corazón de la Alemania nazi, Carmen y José tuvieron que marcharse a Berna (Suiza) a finales de 1944 por recomendación de la embajada. El testimonio de Ruth, años después de acabar la contienda, sirvió para que el matrimonio Ruiz-Schrader figurase entre los nombres de los más de 21.000 «Justos entre las Naciones» desde 1988.
 
 
Diplomático conocido como El ángel de Budapest fue nombrado encargado de negocios de la legación española en Budapest (Hungría) en el verano del año 1944. En el momento en el que dieron comienzo las persecuciones de judíos húngaros ofreció en nombre de su gobierno pasaportes a judíos que acreditaran tener pasado español, y negociar su protección con las autoridades del país magiar. Ángel Sanz-Briz recibió la autorización para salvar a 200 judíos españoles, pero amplió esa cifra por su cuenta a otras 200 familias más, incrementando ese cupo una y otra vez. También instó a la Cruz Roja Internacional a que ubicara letreros en español en hospitales, orfanatos y maternidades con el propósito de proporcionar protección a aquellos judíos que estaban allí. El diplomático español fue reconocido como Justo entre las Naciones del museo Yad Vashem de Jerusalén en 1966
 
 
Diplomático que, como cónsul de España en Viena, contribuyó a la salvación de judíos perseguidos por los nazis.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Fernando y Eugenia Serra
El peligro de muerte para los judíos italianos comenzó con la ocupación alemana, en septiembre de 1943, donde se produjo una ola de arrestos. A finales de octubre, muchos judíos fueron trasladados a Auschwitz. El doctor Ennio Ascarelli y su mujer pidieron protección para su hijo de 7 años a uno de sus pacientes, Claudio. Este les remitió a su hermano Fernando, consul honorario en Roma desde 1937, que no contaba a pesar del título con inmunidad diplomática. Serra y su mujer acogieron a Paolo, le llegaron a proporcionar un pasaporte falso con el nombre Pablo Serra, y ayudaron a los Ascarellis a esconderse en distintos lugares. ‘Pablito’ se quedó con los Serra hasta su liberación, y mantuvo el contacto con Mirella, hija de Fernando y Eugenia.
 
 
de la localidad orensana de Ribadavia, ayudaron a 500 judíos a huir del exterminio nazi. Sus recuerdos se recogen en el poemario Poemas después de Auschwitz de Antón Patiño Regueira.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Estos no son los únicos españoles, por supuesto, que tuvieron un papel relevante a la hora de ayudar a judíos durante el Holocausto. En otoño de 2014 se presentaron en Madrid los resultados de una investigación que analizó la actuación de más de 125 funcionarios del Servicio Exterior durante la guerra y en la que identificaron a 18 como “héroes o salvadores” que pusieron también en peligro su carrera o su vida.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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