Censura y Violencia en los fotocromos

En un sistema democrático transparente y perfecto, la censura cumpliría el papel de señalar primero y suprimir después, todo aquello que se presente como insoportable para la ciudadanía desde una perspectiva política, cultural, social, referido a los valores en general o a las creencias dominantes.

Ningún sistema es tan transparente como para evitar que la censura aproveche sus recursos para otras finalidades que suelen desembocar en la definición por supresión de lo tolerable para quien la ejerce.
El modo más o menos explícito de presentar la violencia, el ejercicio del sexo, o los atributos sexuales del hombre y de la mujer en las pantallas son indicadores que ayudan a entender la cultura de esas comunidades. Por lo que atañe al cine su componente “realista” conforma otra variable que da sentido y ayuda a entender la cultura subyacente al ejercicio de la censura.
Dicho de otro modo: la representación de la violencia en el cine de ficción, hasta los casos extremos que aquí se muestran, importó menos a la censura de los años setenta que la de los atributos sexuales femeninos o masculinos. Eso no significa que los poderes políticos (de los que dependía la censura) estuvieran más obsesionados por evitar la presentación de lo sexual que de lo violento. Sencillamente es que el sexo era más realista –desde luego para los espectadores
y su referente próximo más cercano que la violencia en los términos extremos que ofrecen estos fotogramas. Un pezón era más asequible y cercano a la realidad de un ciudadano normal que un empalado; lo primero era posible y real, lo segundo, no.

Textos escritos el 27 de agosto de 2015 por el señor Julio Montero Díaz
Catedrático de Historia de la Comunicación Social en la Universidad internacional de la Rioja

 

Fotocromos censurados           ATENCION:   Fotocromos con imágenes duras, fuertes y muy impactantes

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